Me levanto vestida de la cama. Miriam Villazón
Me levanto vestida de la cama. Me acerco lentamente a la ventana. Mis pies descalzos rozan levemente el frío y húmedo piso de mi habitación. Silencio. Con un suave golpe, abro la ventana. El viento mueve mi pelo. Mi habitación se llena de ruido. Veo los coches en caravana, intentando avanzar un metro en menos de un minuto; los peatones esquivándose unos a otros, con sus maletines en las manos, creyéndose importantes, fingiendo ser lo que no son.... Mi semblante se endurece. El humo asciende por encima de los tejados. Se oye el caer de la lluvia sobre los charcos de las alcantarillas averiadas. Me doy la vuelta y me dispongo a salir a la calle. No me paro a coger un paraguas.
Un escalofrío recorre mi espalda al salir del portal. Noto la lluvia sobre mi cabello. Camino sin tener ningún lugar al que ir, sin querer visitar algo. La ciudad es nueva para mí. Despierto otra mañana más en esta jaula de ladrillo y asfalto. Mis pies me guían, tan perdidos como yo. Entro en un café y pido un Starbucks. Me hago con un periódico y me encamino hacia la puerta.
La gente no se fija en mí, sin embargo, sé que soy diferente. Veo a madres arrastrando a sus pequeños hacia las paradas de los buses. Los niños me miran extrañados. Ellos notan la diferencia. Yo pertenecía a ese mundo, a su mundo. Y sabía que aún pertenecía a él, aunque me intentasen arrastrar hacia el mundo de lo gris y diario. O quizás desease seguir perteneciendo...
Me paro en un escaparate de una confitería y miro mi reflejo. Me sorprende lo que veo. Miro asustada y confundida a una joven chica con un maletín en la mano y un Starbucks en la otra, periódico bajo el brazo, con una mirada indiferente a lo que ocurre a su alrededor. Ya no me importan los demás, soy un monstruo egoísta. Me he transformado en lo que odiaba. Mi vida se había convertido en algo regular. Todos mis días serían iguales, ojalá pudiese advertir a los niños. La misma monotonía. Mi mundo se volvió gris de repente. Intento hablar, pero me doy cuenta de que tengo la boca cosida, cosida por una sociedad que intenta ocultar lo que es obvio.
Miriam Villazón. 2º Bto.
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