Don Quijote en el valle de las pesadillas
Mientras Don Quijote soñaba con su bellísima Dulcinea, Sancho Panza estaba absorto mirando al fuego. Se acordaba de sus amigos, vecinos y sobretodo de su esposa, que ya no era tan bella y hermosa como en el pasado, pero la quería con locura. De pronto oyó un ruido que provenía de unos arbustos del bosque. Intentó afinar la vista pero no consiguió ver nada. Después de unos segundos, pudo distinguir unos ojos grandes y amarillos brillantes. Sin pensarlo dos veces se apresuró a despertar a Don Quijote.
Don Quijote se levantó gritando. Le preguntó qué pasaba. Sancho señaló a los arbustos, tenía tanto miedo que no le salían ni las palabras. Cuando Don Quijote levantó la vista hacia el lugar que señalaba Sancho, vio unas hermosas doncellas que le saludaban y se acercó hacia ellas. Cuando ya estaba a su lado, comenzó a hablarles. Pero ellas solo se reían delante de él. Don Quijote no entendía lo que le pasaba hasta que ellas se convirtieron en gigantes. Don Quijote salió corriendo seguido por Sancho, unos cuantos pasos más atrás. En ese momento, Don Quijote se despertó.
- “¡Solo era una pesadilla!” -se alegró.
- “¡Ohhhhh noo!, esto debe de ser el valle de las pesadillas. Si nos quedamos aquí, no tardaremos mucho en morir”.
Don Quijote despertó a Sancho y partieron rumbo al castillo del Rey Salomón donde se escondía un gran tesoro custodiado por fantasmas… según Don Quijote.
Verónica (3º ESO)
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