Donde se cuenta la historia de Don Quijote, Sancho Panza y los pequeños traidores.
Iban Don Quijote y Sancho Panza de camino en busca de aventuras, cuando se sienten cansados y deciden quedarse a descansar en las orillas de un río. Cuando se acomodaron, Don Quijote empezó a delirar de nuevo, solo hablaba de todo lo que tenía que contarle a su amada Dulcinea. Sancho ya no le daba importancia, al principio intentaba convencerle de que no le quería, que no era una mujer adecuada para él, pero como Don Quijote era muy cabezón, su esfuerzo no servía de nada. Al cabo de dos o tres horas continuaron su camino. Al anochecer pasaron por una venta, en la cual se quedaron a pasar la noche.
Mientras estaban cenando, dos chicos jóvenes llegaron preguntando por Don Quijote. El ventero les dijo dónde estaba y fueron a hablar con él. Esos chicos, empezaron a decirle a Don Quijote que tenía que volver a su casa a cuidar de su sobrina porque estaba muy triste por no saber nada de él. Sancho, al escuchar la conversación se quedó asombrado, pero después de pensarlo mucho se dio cuenta de que la única persona que podía haber mandado a esos chicos a convencer a Don Quijote era su sobrina, por eso les siguió la corriente. Don Quijote les trataba muy mal y era muy maleducado con ellos y sin decir nada se levantó de la mesa y se fue a su habitación. Sancho, extrañado, fue a preguntarle por qué había hecho eso, y él le contó la historia que se había inventado. Don Quijote le dijo que no creyera ninguna palabra de lo que decían esos dos niños, que ellos eran dos sirvientes del mago Frestón y que no les iban a llevar a casa, lo único que querían era apartarlos, llevarlos a un lugar donde no hubiera nadie y así matarlos para poder llevar a cabo su venganza. Sancho, al escuchar esa tontería empezó a reírse y le explicó que eran dos chicos de la aldea que fueron mandados por su sobrina para que volviera a casa, pero Don Quijote no le creyó, y enfadado le echó de su habitación.
Al día siguiente, los chicos volvieron a insistir en el tema y a Don Quijote le entró un ataque de ira y empezó a darles una fuerte paliza. Sancho, al ver aquello, fue a socorrer a los dos chicos, los salvó y consiguió que Don Quijote les dejara ir tranquilos. Los dos chicos llegaron a la aldea muy asustados y le comunicaron todo lo que había pasado a la sobrina de Don Quijote, la cual quedó muy impresionada.
Alba Sánchez
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