Donde se cuenta la aventura de Don Quijote y Sancho en el lejano continente africano
Como no, Don Quijote montado sobre su fiel y viejo caballo Rocinante y en compañía de su valiente escudero Sancho Panza, seguían en busca de aventuras a las que adentrarse y guiados por su infinita imaginación llegaron a un lugar totalmente desconocido para ellos.
Ya se habían alejado por completo de la aldea de la cual proceden los orígenes de nuestro famoso hidalgo y caballero, estaban realmente apartados de todo, en un lugar abandonado y perdido en medio de la nada.
Hacía un tremendo calor que les abrasaba la piel, no tenían agua, tampoco comida, y a lo lejos lo único que se podía distinguir eran toneladas y toneladas de lisa y ardiente arena. Caminaron durante cuatro largas horas, las suficientes como para que comenzara a anochecer. Estaban agotados y sabían que era cuestión de tiempo que sus cuerpos desfalleciesen sobre la arena. Rocinante estaba muy débil, por eso decidieron que era momento de tomarse un descanso.
Al día siguiente amanecieron en una pequeña aldea, en la choza de uno de los habitantes. Cuando Don Quijote abrió los ojos, inmediatamente se levantó y muy extrañado miró a su alrededor. No sabía qué era lo que podía haber sucedido y muy exaltado despertó a Sancho. Sancho también se sorprendió de lo ocurrido. No sabía si realmente todo aquello se había tratado de una simple pesadilla. Antes de que pudieran abandonar la choza, entró en ella un hombre de oscura tez y profunda mirada.
Su nombre era Hayat y él era el responsable de que ellos se encontraran en esa pequeña y humilde choza. Hayat les explicó todo lo sucedido; actualmente se encontraban al norte del continente africano, en el desierto del Sahara. Ambos fueron rescatados por él mismo cuando salía en busca de algo de comida para sus hijos y llevados a su hogar para ofrecerles alimento, descanso y un techo bajo el que poder resguardarse del extremo temporal que allí diariamente sufrían. Don Quijote y Sancho, muy agradecidos por haberles salvado la vida, decidieron pagar a Hayat una pequeña cantidad de dinero y aunque él no había pedido nada a cambio, no dudó ni un solo segundo en aceptar su gesto de gratitud.
Después de esto Don Quijote y su fiel escudero Sancho Panza se despidieron de Hayat, no sin antes volver a agradecerle toda la ayuda que les había prestado. A continuación salieron de la choza y se fueron a visitar el resto de la aldea, ya que sentían cierta curiosidad. Mientras iban caminando se escucharon unos tremendos gritos procedentes de una joven muchacha que estaba siendo atacada por un grupo de hombres cubiertos con una especie de turbantes sobre sus cabezas.
La mujer estaba siendo apedreada y era juzgada por haberle sido infiel a su marido, que era el cabecilla de toda aquella multitud. Don Quijote no podía creerse lo que sus ojos veían. Una doncella en apuros siendo atacada por una peligrosa banda de galeotes recientemente fugados de una cercana prisión del lugar. Sancho intentó detener a su amo, pero como siempre su intento resultó de lo más inútil. Don Quijote montó sobre su viejo caballo y dándole un firme golpe sobre el lomo, salió a gran velocidad en dirección a los hombres. Don Quijote sacó sus armas y empezó a atacarles a todos a la vez. Por mucho que ellos trataban de defenderse acabaron por huir de él y así fue como Don Quijote agarró a la muchacha por la cintura y la subió sobre las espaldas de Rocinante huyendo lo más lejos y rápidamente posible de allí.
Una vez a salvo, Sancho comenzó a hablar con la muchacha. Se llamaba Nayyirah. Esta comenzó contando que era maltratada por su marido y que él realmente no la amaba, simplemente le convenía estar casado con ella por cuestiones económicas. Ella estaba perdidamente enamorada de otro hombre que también vivía en su misma aldea, llamado Minnet. Su mayor temor era que Minnet fuera atacado, o mucho peor, asesinado por su marido, por eso decidió dejar de verse a escondidas con él. Ya hacía más de un mes que no se veían y la situación se volvía cada vez más y más insoportable para Nayyirah. Es por eso que Don Quijote decidió ayudar a la que él creía ser una doncella y llevarla junto a su príncipe azul para que vivieran felices para siempre. Así hizo, pues volvió a adentrarse en la aldea en busca de Minnet, y después de varias peleas con algunos de sus enemigos por fin pudo hallarle. La vuelta también resultó complicada, pues volvieron a toparse con el que era el actual marido de Nayyirah. Don Quijote no dudó en quedarse allí a luchar contra ese maldito hombre y a pesar de sus graves heridas resultó ganador de aquella terrible lucha.
Así fue como regresaron al sitio donde se encontraban Sancho y Nayyirah, esperando con gran impaciencia y cierta desazón. Cuando por fin llegaron, Nayyirah se arrojó sobre los brazos de su amado. Parecían dos niños enamorados y felices. Por fin podrían estar juntos por y para siempre, libres de toda cadena que les ataba a un pasado en el que ambos eran prisioneros de sus propios sentimientos.
Una vez más, Don Quijote había cumplido su objetivo y había ayudado a gente que realmente lo necesitaba. Gracias de todo corazón valiente hidalgo y caballero, Don Quijote de la Mancha.
Nerea (3º ESO)
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